Carta de María Aguado a Mariano Rajoy

María Aguado es una joven de 17 años. Cursa 2º de Bachillerato y yo le doy clase de matemáticas. Ayer le ayudé a subir un archivo a la red para que pudiera compartirlo con todo el mundo. Este archivo es una carta que María le escribe a nuestro presidente, Mariano Rajoy. Cómo sé que a María no le importará, transcribo literalmente su carta aquí mismo. La honestidad y la valentía de una chica de 17 años se ponen aquí de manifiesto. Nadie le ayudó a escribir esto, si no es a corregirle algún error ortográfico o gramatical.

Gracias María.

Empezaría diciendo querido Mariano Rajoy, o querido presidente del gobierno. Pero no, te trataré de tú a tú, ya que antes de ser presidente del gobierno eres persona o, al menos, eso creo. Soy María Aguado Plaza, una joven de 17 años, de Socuéllamos, provincia de Ciudad Real. Me preguntarás qué me ha movido a escribirte una carta en vez de estar haciendo cualquier otra cosa propia de mi edad. No me sorprendería ya que, incluso cuando he contado que iba a escribirte a mis amigos y familia, su reacción ha sido reírse, afirmando que esto nunca llegaría a tus manos. ¿Pero sabes lo que les contestaba? Que solo está perdido el que deja de luchar, y el no, ya lo tengo.
Pues bien, lo que me ha movido ha sido la situación actual en la que nos encontramos. Sé que a ti poco te afecta, pero a todos los que te votaron porque creyeron en ti o a los que no lo hicieron sí les afecta, y mucho. No es normal que cada vez que ponga las noticias, las tenga que quitar ya que solo veo en ellas a señores encorbatados diciendo una mentira tras otra. Cuando lo que sucede en realidad es que miles de personas no se llevan a la boca ni un trozo de pan en todo el día, que policías atentan contra las personas, tanto jóvenes como mayores, por defender sus derechos, cómo los pobres cada vez son más pobres y los ricos más ricos. Que promulgáis nuevas leyes de educación como la LOMCE acabando así con la educación PÚBLICA poco a poco (aunque no tenéis apoyo de ningún grupo). Cuántas menos vueltas le demos al coco mejor ¿verdad?, no vaya a ser que nos hartemos de tanta mentira y tanta hipocresía.
No pertenezco a ningún partido político porque NINGUNO, repito, NINGUNO ha cumplido su palabra ni ha hecho que crea en ellos. Soy una joven con muchos deseos y esperanzas y no te creas que son tener el último iPhone 5 o querer llevar un bolso de Chanel, no. Mis sueños son poder seguir estudiando, seguir formándome, para poder trabajar en lo que deseo, poder ser una persona reconocida en todo el mundo por mi trabajo, por ayudar a las personas y por lograr mis metas (no ser conocida por ser una modelo o por haber blanqueado dinero), algo que no es seguro, debido a que mi padre no trabaja al igual que le sucede a mi madre y a que cada vez hay menos becas.
Yo, como cualquier persona racional, creo que lo más importante en esta vida es la salud y la educación, que casualmente es en lo que más se está recortando. Como sigamos a este nivel, solo podrán estudiar los hijos de los ricos como sucedía antiguamente; y sinceramente retroceder a la antigüedad, con lo que ha costado llegar a donde estamos hoy en día, es una auténtica aberración. Por cierto, el otro día observé un artículo en el que salían tus notas y, a parte de tener algunas materias suspensas, no llegabas al 6,5 de media, ese mismo 6,5 que ahora el “queridísimo” Wert pide para poder obtener una beca. Se basa en que el alumno que saque menos nota no se merece estudiar. ¿No se le ha pasado por la cabeza en algún momento pensar que quizás esa persona que saca un 6,5 es porque no da a basto? ¿Por qué tiene que trabajar y estudiar al mismo tiempo para sacar a su familia adelante? ¿O porque simplemente un 6,5 es como un 10 para otra persona por el esfuerzo que le implica conseguirlo?
En los últimos años, gracias tanto a tu política, como a la de Rodríguez Zapatero, los ricos han visto crecer su fortuna y los pobres su miseria. España es hoy uno de los países con mayor desigualdad social del planeta, afectando la pobreza al 20,7% de los ciudadanos, la infantil al 26,7% de los niños y sufriendo pobreza severa 3 millones de españoles. También me hace gracia que hablemos de derechos después de saber cuáles son tus derechos, los derechos de los políticos: sueldos muy por encima de la media, exenciones de impuestos, gastos pagados por alojamiento, dietas y viajes que usáis para motivos “personales”, pensiones de lujo sin apenas cotizar, sueldos vitalicios, gastos de representación, simultaneidad del cargo público con el desempeño de actividades económicas privadas, acumulación de cargos públicos (sin ir muy lejos Cospedal); absentismo laboral e inoperancia, secreto y falta de transparencia de vuestras actividades políticas, justicia lenta e injusta, prescripción de delitos y un largo etc. Por cierto, ¿dónde quedó la ley que prometieron aprobar para limitar el sueldo de los alcaldes según la población? Conclusión, TODOS no somos IGUALES ante la ley.
Como decía el gran Nelson Mandela, “si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamentos”. ¿No entiendes que necesitamos un gobierno que luche contra la pobreza, no contra los pobres? ¿Tan difícil es de entender?
Es curioso las distintas formas que hay de matar como quitar el pan, no curar una enfermedad, meter a alguien en una mala vivienda, torturar hasta la muerte y solo pocas de estas cosas están prohibidas en España. Creo que está bastante claro que hoy por hoy vivimos en una democracia basada en leyes dictatoriales debido a la mayoría absoluta que tenéis.
En esta carta podría desde insultarte, a decirte que eres el mejor presidente del mundo. Pero NO, te hablo con educación y sinceridad, algo que me han enseñado mis padres y de lo que al parecer carecen muchos políticos, dado vuestro comportamiento en el Congreso y en el Senado. Me pasaría días y días escribiéndote, pero preferiría concertar una cita contigo. Supongo que esto seguramente ni lo llegues a leer tú, ni nadie. Pero SOLO pido a la posible persona que esté leyendo esto que por favor te haga leer estas palabras, pues sería mi regalo de Reyes, poder hablar contigo y que me aclarases distintos asuntos. No os cuesta nada y está en vuestras manos que yo, María, de 17 años y con muchos sueños entienda lo que está pasando a mi alrededor. Aunque de momento mis sueños no caben en sus urnas, ya que si votar sirviera de algo, estaría prohibido. POR FAVOR, dejadme, dadme la oportunidad de hablar contigo, con Mariano Rajoy, no de ciudadano a presidente, sino de persona a persona.
Atentamente, María Aguado Plaza.
Aquí te dejo algunos datos personales para que te pongas en contacto conmigo. ESPERO TU RESPUESTA, NO ME FALLES, POR FAVOR. No es esta una carta cualquiera, ni soy una niña cualquiera. Déjame demostrártelo.
María Aguado Plaza, 17 años.
Socuéllamos, Ciudad Real 13630.
C/Humilladero Nº45
696573813
Twitter: @mariaaguado97
Y por si te interesa, el día 18 de febrero a las 10:30 tengo una visita guiada en el Congreso de los Diputados.
La utopía es posible, ayúdame a conseguirlo. Por un 2014 lleno de salud y de trabajo. Me reitero, no me falles. Y por cierto ¡feliz año!

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tengo miedo

Tengo miedo de bostezar tantas veces
y pensar que mi vida, así, se va acabando.
No quiero comenzar otra vez el hastío
donde tú seas el amor y yo la muerte.

No quiero acabar perdido,
ni quiero reemplazar de aquí luces.
Tengo miedo de los andenes
y de que me atropelle el olvido.

Empezaré de nuevo triunfante,
con ganas de acabar con muchas vidas.
Posiblemente acabe siendo la república
donde verter todo lo que tuve de amante.

Ya no hay tiempo ni historia
donde escuchar agua tranquilos.
No quiero que tú otra vez escapes
y pases a formar parte de mi memoria.

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Apertura Encuentro 8ºA [06/12/2012]

Compañeras. Compañeros.
Amigos todos a pesar y a través del tiempo.
Aunque algo perplejo, también estoy feliz de participar en este evento.
Me regocijo de encontraros a todos y de sentir que todo está vivo. Que nada ha muerto.
Gracias por estar aquí. Gracias a la vida. Gracias al deseo.
Gracias a los que tuvisteis la iniciativa. Gracias a vosotros ha ocurrido esto.

Estos días atrás fui desgranando momentos,
entre brumas estuve destapando los recuerdos
y, ahora que os veo,
también se desnuda la memoria y aparece, es cierto,
este espectáculo vivo, grande, excelso,
que no es sino descubrir que aquí estamos como hace más de tres decenios.

No me digáis que no es maravilloso percibir ahora este cuadro en este contexto.
Tanto o más que aquella realidad lejana, repleta de patios y de recreos,
de equipos, de participaciones, de rifirrafes y de juegos.

No será esta la noche, espero, de renunciar a ningún gesto,
así como antes, mucho antes, por menos de nada nos tirábamos de los pelos,
nos peleábamos por la cercanía de un esférico,
o caíamos suspirando por la lejanía de un beso.

Siguen estando cerca nuestros nombres y nuestro pueblo,
la inmensidad de los campos y de los huertos,
estos horizontes a veces imaginarios, otras veces nuestros desvelos,
en los que caminaron inmensos los días sin renunciar nunca a nadie de los nuestros,
donde caíamos vencidos y dormíamos sueños de los que ahora estamos despiertos.

Permitidme antes de dar el pistoletazo de salida a este suceso
que suelte cuatro vivas y medio,
permitídmelo ahora que estoy entero.

¿Puedo? Pues claro que puedo…

¡Viva nuestra generación, especialmente la del ochenta entero!
¡Viva la Virgen de la Fuensanta y nuestro vientre materno!
¡Vivan las olivas y los aceituneros!
¡Viva Huelma y vivan los huelmeños!

Pedro Castro Ortega
Huelma, 6 de diciembre de 2012

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292

la  puerta de esta despedida estuvo en un determinado sueño
donde imaginé las sobras y alguna que otra esquina
dándose a un margen inquieto, inquietud sonora en los extremos:
aun así buscamos una forma de escapar, una salida,
sobrarnos a nosotros mismos a fuerza de incapacidad,
creer en las cimas cuando no hemos sino caído en un sinfín de derrotas,
huyendo de fines sin un principio que nos determine,
¿por qué ponemos ladrillos en huecos inútiles?
¿por qué encuentro incapacidad obstinada, impertinente?
¿por qué vinieron monstruos a decirnos de qué tener miedo…
si, en realidad, no tengo ninguno?
¿por qué obran en las manos de algunos el pudor y no en mí,
ni lo quiero?
¿por qué me siento volar a pesar de las emisoras?
¿por qué el crecimiento tiene que ser hacia arriba y el progreso
hacia adelante como la muerte misma?
¿por qué estamos aquí si no es para morir?

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verte

la ventana es un cristal antiguo
reflejo sombra y trasunto gris repleto de olvido
caigo ahora en este sueño
vuelan manos y amanecen sombras
se atisban atardeceres imaginarios
rutas de deseo incandescentes en antiguas retinas
se yerguen en almohadas grasientas
interrumpiendo sueños adocenados febrilmente
el reposo anudado de asfixia y de luz blanca
que supone el gran viaje para ver fincas repletas de lunas
luces de sordos caminos ingrávidos encontrados
tras aquellas largas simas de fueros inmensos
vallas y magníficos árboles desnutriendo un camino
continuo horizontal hacia ninguna parte
en la que estoy aquí esperando
verte en algún cristal tras alguna opaca líquida ventana
aun verte

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lejana cercanía

Fuimos un viernes tarde a la casa del jefe de residencias. Allí donde algunas noches pernoctaba casi por obligación. Hacía curva la vivienda, cerca de la capilla. En fin, la cosa es que le pedimos la llave de uno de los gimnasios para entrar por la noche, después de cenar. Pasaron semanas hasta el atrevimiento. No recuerdo exactamente cómo fue. Al final ocurrió. Nosotros éramos internos. Nosotros éramos distintos. Y sucedió. Nos dejaron una llave. Yo era el responsable de abrir y de cerrar (seguramente porque fui responsable de otros cubículos de los cuales algún día hablaré). Responsable de que únicamente jugaríamos a fútbol sala. Nada más. Y así fue. Fabuloso. Las gradas estaban vacías aquel viernes de finales de noviembre aproximadamente a las ocho y media de la tarde, más bien noche (ya habíamos cenado, por supuesto; frugalmente además…) Y dimos rienda suelta a nuestra adicción. Reyes por un lapso de tiempo. Los viernes y sábados por la noche (el domingo no se permitía tal extravío). Partido en el gimnasio. Un gimnasio cubierto. De primera  categoría. Auténtico. Si ya lo era de día, lo era más de noche… Además ¡estábamos solos! ¿Confiaban en nosotros…? Sí, por fin confiaban en nosotros. Y nos rompíamos, a muerte, nos desgastábamos. Batalla de placer con el balón en un recinto cubierto, paradigma de algún que otro sueño. El segundo fin de semana lo hicimos con música. Bastaba un radiocasete estéreo. Y alguien lo llevó y lo instaló en lo alto de la grada. ¡Cómo sonaba! Y jugábamos. Un gran fútbol sala jugábamos. Era nuestra historia. Volvíamos entre sudores a la residencia, tocando la luna. Alguien se encargaba de la alargadera, de recoger cables. Me costaba cerrar la puerta del gimnasio. No se veía apenas. Volvíamos henchidos de placer y dormíamos felices en nuestras antiguas literas. Felices hasta que fuera lunes.

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nunca

es un futuro incierto
donde la vida se revuelve
donde tú y yo maquinamos este encuentro
inútil seguramente inútil
ahora es el momento nadie hay nadie nada
podrá perjudicar este encuentro
porque está ya detrás de aquí mismo cuando lo digo
aquí ahora
no hay nadie nada nada hemos perdido
y ya habré muerto
en un mal desatino

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reset

descubro macabras operaciones
en la lánguida mesa y me olvido
descubro paciente la transparencia
que me musita notas al oido
y veo no sé si ya inútil ciertos acordes
masticando los ruidos
es inútil esta luna y su día creciente
continuo de famélicos gritos
es la presencia infame e ingrávida
masticando bocados finitos
dirigiéndose hacia una noche silente
donde se tambalean los principios
y se ocultan esos futuros
en los soplos de un pronto reinicio

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la línea muerta de la educación

Pronto vuelvo con ilusión hacia una realidad desilusionante. Una realidad sucia, enmascarada por su propio desconocimiento e ignorancia, cuando no por el desprecio y la autosuficiencia de aquellos que dictan, que vomitan, las normas. Desde su ilusoria ciencia, desde sus innegables pero falaces competencias, mientras siguen desgastando o estrenando poltronas. Aquellos que no han pisado nunca o al menos en mucho, mucho tiempo, las aulas de la educación secundaria obligatoria. Unos se fueron y hablan de líneas rojas, otros vienen y hablan de reformas de no sé qué color. Líneas rojas, heridas abiertas manando sangre en un continuo progreso hacia un completo deterioro del amor propio, del espíritu, de las ganas de saber, de enseñar y de aprender con que nacemos. Heridas que no cicatrizarán en mucho tiempo. Veo fauces abiertas, miradas perdidas, cuadernos vacíos, libros olvidados, potentes tecnologías de pacotilla, aparente felicidad, pasmo, espanto y desencanto. Todo en un flamante ocaso, desembocando hacia una maravillosa e inexorable perdición.

¿Dónde quedó la disciplina: el arte, la facultad, la ciencia? ¿Dónde quedó el conocimiento, el aprendizaje, aquel conducto transmisor por el que profesor y alumno establecíamos ese maravilloso contacto? ¿En qué parte del camino se nos perdió? No lo encontraremos en la autonomía de los centros, ni en el PEC (Proyecto Educativo de Centro), ni en el NCOF (Normas de Convivencia, Organización y Funcionamiento), ni en la PGA (Programación General Anual), ni en el PTI (Plan de Trabajo Individualizado), ni en… Papeles y más papeles que, realmente y en la práctica, para poco sirven si no hay claridad en lo que ha de ser común para todos. La relación entre el profesor y el alumno (o sea, la enseñanza y el aprendizaje) la volveremos a encontrar cuando nos devuelvan nuestro amor propio, nuestro espíritu, nuestras ganas de enseñar y de aprender, cuando los profesores y los alumnos seamos realmente valorados, cada uno en su parcela y cada uno con su misión: enseñar y aprender, aprender y enseñar. Juntos, pero no revueltos. El alumno deberá de volver a entender el significado de la palabra profesor, el profesor volverá a serlo, lo será de verdad, cuando ese significado, ese aprendizaje por parte del alumnado, sea una realidad. Y eso habrá que escribirlo, aprenderlo y repetirlo siempre, y deberá de ser concepto, idea y pensamiento común para todos los alumnos en todos los centros, para las familias y para la sociedad, para todos. Para un porcentaje muy elevado de alumnos de la secundaria obligatoria no existimos, no estamos, o bien somos fantasmas, paradigmas del olvido. No es de extrañar pues que muchos profesores, cansados, dejen tirados en la cuneta del olvido también a muchos de sus alumnos. Este planteamiento cíclico es cada vez más patente y se está extendiendo hasta convertirse en una rutina donde la Educación deja de tener sentido y nos acerca a una línea muerta no solamente difícil de recuperar, sino que alcanza visos de horror cósmico. Las consecuencias son unas estadísticas como nunca se habían visto.

En estos últimos años la gráfica del número de suspensos en la educación secundaria obligatoria (al menos en mi caso, en la materia de matemáticas) ha ido ascendiendo paulatinamente hasta llegar a unas cifras, a mi parecer, aterradoras. Estos son, en concreto, mis números en esta última evaluación:

  • Número de alumnos de 3º y 4º de educación secundaria obligatoria (de edades comprendidas entre los 14 y 17 años) a los que les doy clase de matemáticas: 74 (de ellos 30, más de un 40%, repiten o repitieron curso en algún momento de la secundaria obligatoria).
  • Suspenden: 41 (55,4%).
  • Obtienen una calificación igual o inferior a 2: 27 (36,5%).
  • Obtienen una calificación igual o superior a 7: 11 (14,9%).

Por supuesto, no estoy orgulloso de estas cifras y, sinceramente, no sé cómo actuar, no sé qué hacer. Es probable que no se pueda hacer nada y deberé de seguir enseñando de la mejor manera que sé. Nunca, en mis años de profesor (que ya son muchos y empiezan a pesar), me había pasado algo así. No me consuela saber que en otras materias hay números peores, bastante peores. Y el instituto donde doy mis clases es de esos donde se supone que los conflictos entran dentro de unas pautas consideradas normales. Vamos, un centro corriente.

¿Esto es, pues, lo que hemos hecho con la educación secundaria obligatoria? ¿La delgada e innegociable o infranqueable línea roja de la educación? (Desde luego franquear más allá de su lamentable estado es difícil) ¿Las reformas de las que ahora se habla, que no quedarán sino en un intrascendente lavado de cara? Las reformas de verdad ya no vendrán nunca. La educación en España está, si no muerta, en un espantoso punto muerto. Abramos los ojos, mirémonos el ombligo. Bajemos a las cavernas y desnudémonos. Dejémonos de tonterías. El aprendizaje en la educación secundaria obligatoria está empañado de retorcidas banalidades, escrito en términos que forman parte de un inextricable conjunto de palabras afectadas de un lenguaje pseudocientífico a veces difícil si no de entender, de poner en práctica. No se aprende simplemente porque muchos olvidaron aprender. Y aprender es valorar a los demás, en particular al profesor, y adquirir conocimiento por medio del estudio, de la experiencia. No se enseña porque a muchos se nos olvidó enseñar, presas del hastío. Que cada uno, profesor, padre, madre y estudiante, se apoye en su conciencia y se ponga a lo suyo, en su parcela, con alegría, disciplina y rigor. La Educación es el primer pilar de un país. Y, si no ha muerto, se nos ha perdido. La palabrería con la que una clase política poco fiable nos quiera convencer, que habla de educación en los medios y que designa, antes o después, a aquellos seres enigmáticos que escriben las normas educativas, no es la solución. La solución del problema (caso de ser resoluble) pasa por todos nosotros, los que estamos acá, cerca de las aulas, independientemente de la normativa del momento.

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vivo (2ª parte)

Vivo en la fantasía de los días, vivo instantes longevos de resuelta y sola alegría. Vivo tras un abismo profundo, estúpido y casi loco. Vivo feliz entre esta inútil armada que se nutre de furtivas noches y torpes días. Vivo con mi sangre a flor de piel. Vivo cautivo de esta inexplicable y humana fe que me atrapa, vivo de noche, de día. La vida es alarma. Fatigado en la espera del tiempo vivo fuerte, vivo en ocasiones estepario, vivo nocturno… vivo. Yo me agarro a mí mismo y me digo que estoy vivo. La vida es olvido. Es un continuo. No es pasado, no es ahora, ni futuro: es continuo olvido. Porque en el presente se vive el pasado y se construye un futuro que inmediatamente vuelve a ser olvido. Vivo y olvido. Olvido y vivo. Una ruptura inútil. Un enlace ineludible. Eso es todo. Estoy vivo. He de callar para demostrar esta estancia insonora, esta calma, esta fugacidad, esta luna, este mar. Este lejos de aquí, casi sin vida, sin gravidez. En eso consiste la vida, en eso el olvido. La memoria no es memoria. La memoria es vida y olvido. Porque el olvido está en alguna parte, resguardado en un parapeto de la vida cuyo nombre es memoria. La memoria es olvido. Y así vivo en un grupo cíclico y vital enorme que me atrapa e, inevitablemente, me consume mientras vivo. Entre luces y carnaval, entre sábanas de lluvia yo vivo. Entre amores fugaces y eternos, entre eternidades probablemente falaces yo vivo en carne de vida continuamente inesperada. Sí, creo que sí. Creo que, a pesar de todo, estoy vivo.

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